Decían que iba a ser la cuarta ola, pero el margen de error ha querido que, finalmente, sea la ola silenciada. Seguramente fue una ola que nació en el momento en que detonó la pandemia en nuestro contexto más cercano, pero sigue sin tener un foco propio.

Mientras que siga sin ocupar titulares, sin embargo, nosotras seguiremos reflexionando sobre ella, para que cuando se nos pida compartir saberes tengamos claras nuestras premisas.

¿Qué es la salud mental? Más allá de definiciones académicas o de organismos internacionales, quienes trabajamos en la intervención social sabemos de sobra que salud mental es mucho más que la ausencia de diagnóstico, trastorno o dificultad alguna. Salud mental es sobrevivir al final de mes, salud mental es poder llegar a disfrutar del tiempo y que no sea una cadena que nos oprime el pecho.

Además, quienes hacemos intervención social con mujeres desde una perspectiva feminista sabemos que salud mental no es lo mismo cuando hablamos con ellas. Mientras hay quien indica que la igualdad ya está conseguida, nosotras sabemos que en el día a día no es así.

La carga mental, la ausencia de medidas para la conciliación, la aún menor corresponsabilidad en ellos, la exigencia de cumplir con los cuidados en nuestros entornos, la mayor precariedad laboral, ser aún tratada como mero objeto, acoso callejero… Sabemos que todo ello es un obstáculo mayor discriminatorio en el camino de las mujeres para el mantenimiento de una salud mental ausente de problemas.

Por eso, en el día Internacional de la Salud Mental queremos dejar claro que todo futuro abordaje de la ola silenciosa que ya rompe y ruge será con perspectiva de género o no será.

Saber +

Si quieres profundizar, puedes echarle un vistazo a alguno de los artículos del blog relacionados con la salud mental de las mujeres: «Soledades no desoladas» y «Perspectiva de género en los Planes Nacionales de Prevención del Suicidio«.